FOMENTAR LA CONFIANZA ENTRE PADRES Y ADOLESCENTES

 

La confianza no funciona en una sola dirección, no se trata de que ellos nos cuenten qué les encanta o qué les preocupa, sino que ellos también conozcan nuestras vivencias, preocupaciones o ilusiones. Aunque eso sí, contadas con delicadeza y con un vocabulario que entiendan.

 

Los adolescentes tienden a aislarse del ambiente familiar para intentar encajar en un grupo por el que necesitan ser aceptados para reafirmarse. Ante tal desapego, los padres muestran desconfianza, algo que puede provocar una ruptura en la comunicación difícil de recuperar.

 

Hay padres que pretenden saberlo todo sobre sus hijos cuando, sin embargo, ellos no han construido el puente de confianza necesario para que el niño se desenvuelva sin miedo a la crítica o la represalia.

 

Otro aspecto básico de la confianza es el respeto a  la intimidad de cada persona. No hace falta saber si nuestra hija se ha besado con algún chico, sino si es feliz o está preocupada por esa nueva experiencia.

 

Los hijos no necesitan nuestro control, sino nuestra confianza, que es el vínculo que les permite aprender algo más útil: el autocontrol.

 

Si desde pequeños fomentamos el “yo te cuento, tú me cuentas” favoreceremos el diálogo y al final se vivirá como una práctica natural y necesaria.

 

Un estilo de vida estresante puede arrastrarnos a la incomunicación, porque los adolescentes deben seguir sus rutinas y los padres están cansados y sin ganas de desentrañar sus preocupaciones. En este caso, es recomendable fijar un momento para la comunicación (p. ejm: mientras se cena). Para los padres será una gran oportunidad para detectar en qué momento emocional se encuentra su hijo.

 

 

 

FUENTE:          “Edúcame bien” de Montse Domènech (psicóloga)

 

 

 

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