EL CÁNTARO ROTO

 

Había una vez una pequeña aldea situada en pleno desierto. Allí vivía un hombre que cada mañana se colocaba dos grandes cántaros a ambos lados de una gruesa barra de madera y marchaba a un manantial ubicado a pocos kilómetros de distancia.

 

Aunque ambos cátaros eran parecidos, había una diferencia entre ellos. Uno tenía una pequeña grieta por la que poco a poco iba perdiendo el agua durante el regreso, tanta que cuando llegaba a la aldea, sólo le quedaba la mitad de su contenido.

 

Un día el cántaro pidió a su dueño que le abandonara porque no se veía capaz de servirle como debiera.

 

  • ¿Qué? – contestó el aguador extrañado – No te entiendo ¿Por qué dices que no me sirves?

 

  • Acaso no te has dado cuenta de que estoy roto y voy perdiendo el agua por el camino

 

  • No, no eres mejor ni peor, simplemente eres diferente y justamente por eso te necesito – le respondió

 

El cántaro no entendía nada.

  • Mira, vamos a hacer una cosa – le contestó el aguador – Hoy durante el trayecto de vuelta por el desierto quiero que te fijes bien a qué lado del camino crecen las flores

 

 

 

FUENTE: CUENTOS PARA ENTENDER EL MUNDO de Eloy Moreno

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