EL COLECCIONISTA DE INSULTOS

 

Había un gran samurái, ya anciano, que se dedicaba a enseñar el budismo a los más jóvenes. A pesar de su edad, corría la leyenda de que era capaz de vencer a cualquier adversario.

 

Cierto día, un guerrero conocido por su falta de escrúpulos y por utilizar la técnica de la provocación: esperaba que el adversario hiciera su primer movimiento y entonces contraatacaba con gran velocidad. Jamás había perdido una batalla y conociendo la reputación del gran samurái, quiso derrotarlo y aumentar aún más su fama.

 

Todos fueron a la plaza de la ciudad, donde el joven empezó a provocar al viejo. Arrojó algunas piedras en su dirección, lo escupió en la cara y le gritó todos los insultos conocidos, ofendiendo incluso a sus ancestros.

 

Durante varias horas hizo todo lo posible para sacarlo de sus casillas, pero el viejo permaneció impasible. Al final de la tarde, ya exhausto y humillado, el joven guerrero se retiró de la plaza.

 

Los discípulos estaban decepcionados por el hecho de que su maestro aceptara tantos insultos y provocaciones. El viejo samurái dijo:

 

     - Si alguien se acerca a ti con un regalo y no lo aceptas ¿a quién le

        pertenece el regalo?

 

     - Por supuesto, a quien intentó entregarlo – respondió uno de los

        discípulos

 

     - Pues lo mismo vale para la envidia, la rabia y los insultos -

       añadió el maestro- cuando no son aceptados, continúan

       perteneciendo a quien los cargaba consigo

 

 

Reflexión:

 

No podemos cambiar la actitud de los demás, pero podemos elegir no entrar en el juego y no caer en la provocación

 

 

FUENTE: www.psicología-estratégica.com

 

 

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