EL MAL CARÁCTER

 

Esta es la historia de un muchacho que tenía muy mal carácter. Su padre le dio una bolsa de clavos y un martillo. Le dijo, que cada vez que perdiera la paciencia, debería clavar un clavo detrás de la puerta.

El primer día, el muchacho clavó 37 clavos. Durante los días que le siguieron, a medida que aprendía a controlar sus emociones, clavaba cada vez menos clavos. Descubrió que era más fácil dominarse que clavar clavos detrás de la puerta.

Llegó el día en que pudo controlar su carácter durante todo el día. Su padre le sugirió que retirara un clavo por cada día que lograra dominarse. Los días pasaron, y pudo anunciar a su padre que no quedaban clavos por retirar. El hombre lo tomó de la mano, lo llevó hasta la puerta y le dijo:

 

“Has trabajado duro, hijo mío, pero mira esos hoyos en la madera, nunca será la misma. Cada vez que pierdes la paciencia, dejas cicatrices como las que aquí ves. Puedes insultar a alguien y retirar lo dicho, pero la cicatriz perdurará para siempre”

 

 

FUENTE:   “EDUCAR LAS EMOCIONES” Mireya Vivas / Domingo Gallego / Belkis González

 

 

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