PADRES SOBREPROTECTORES

 

Para que los niños tengan un buen desarrollo emocional, necesitan sentirse queridos y cuidados por sus padres; sin embargo un exceso de protección puede traer más problemas que ventajas.

 

Es lógico que todos los padres quieran lo mejor para sus hijos, pero envolverles entre algodones puede ser un lastre en el desarrollo de su personalidad.

 

Cuando se pone un celo desmesurado en sus cuidados y se les ahorra todo tipo de problemas, les están privando de un correcto aprendizaje ya que no les dejan enfrentarse a las dificultades propias de su edad, de donde podrían extraer recursos y estrategias que les servirían para su futuro.

 

 

 

Cuáles son los indicadores de una protección en exceso

 

 

  • Cuando el niño comente un error o algún tropiezo, tendemos a disculparles, echando la responsabilidad en otros (compañeros, profesores…)

 

  • Valorar si les evitamos situaciones conflictivas o difíciles de resolver (P. Ejm: “no subas a ese muro, te podrías caer”)

 

  • Si nos anticipamos a sus demandas procurándoles a menuda lo que aún no han pedido

 

  • Pensar si estamos fomentando en ellos conductas más infantiles de las que corresponden a su edad porque nos resulte difícil aceptar que están creciendo

 

Riesgos de una sobreprotección

 

 

  • Disminución en su seguridad personal

 

  • Dificultades en tolerar frustraciones y desengaños

 

  • Una conducta dependiente de sus padres

 

  • Niños que no saben valorar nada de lo que tienen y piden de una forma compulsiva y sin sentido

 

  • Retraimiento o inhibición en su conducta que dificultará sus relaciones sociales

 

 

 

 

Si no queremos convertir a nuestros hijos en criaturas inseguras, inhibidas y dependientes, hemos de prestar atención a su desarrollo evolutivo para saber qué podemos exigirles que hagan solos.

 

Debemos ser conscientes de que van creciendo y deben ir separándose de nosotros para conseguir su propia identidad.

 

 

 

Dejarles tropezar dos veces con la misma piedra

y

de los errores siempre se aprende

 

 

FUENTE:  Lourdes Mantilla Fernández (Psicóloga clínica) 

 

 

 

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