EL SONIDO DE LOS COLORES

 

La muchacha que recorre sin rumbo fijo el metro de la ciudad no está realmente ciega: su ángel guardián la abandonó, pero le dejó el don de ver los sonidos y los olores. 

 

Un mundo nuevo de percepciones, donde tienen cabida laberintos sin salida, elefantas que desfilan a paso lento, pájaros que cantan en jardines secretos. 

La belleza de este universo, sin embargo, está impregnada de melancolía porque es un mundo de soledad. Y en solitario busca la muchacha ciega el débil parpadeo de la luz.  

 

Es un relato agridulce donde se derrocha fantasía, que empieza en tonos grises y estalla en un torrente de color, imaginación y poesía para ser disfrutada.

 

 

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